El dolor, la pérdida de peso y la fatiga asociados al cáncer, constituyen algunos de los fenómenos que más temor y estrés producen al paciente y la familia ante la presencia de la enfermedad.
En los últimos 20 años hemos observado un enorme desarrollo en la comprensón y el tratamiento del dolor por cáncer.
Sin embargo, el síndrome de caquexia-anorexia (SCA) asociado al cáncer sigue siendo subvalorado y subtratado.
El SCA tiene tres componentes fundamentales:
- Pérdida de peso (fundamentalmente de masa muscular)
- Fatiga (o astenia)
- Anorexia
Cerca del 80% de los pacientes con cáncer avanzado presentan signos evidentes de caquexia, lo que da origen a un gran deterioro del performance status y de la calidad de vida.
Inclusive, un número considerable de pacientes que sobreviven al cáncer padecen las secuelas de la pérdida de masa muscular, presentando fatiga.
El SCA tiene una fisiopatología compleja que involucra:
- Aumento de citoquinas proinflamatorias, relacionadas con la respuesta inmune del paciente al tumor
- Factores proteolíticos y lipolíticos producidos por los tumores (Factor Inductor de Proteolisis o PIF; Factor Movilizador de Lípidos o LMF)
- Activación de sistemas proteolíticos endógenos a nivel muscular
- Alteraciones endocrinológicas (resistencia a la insulina, alteraciones en la leptina, la grelina, el cortisol, etc.)
- Anorexia/Fatiga primarias: provocada por el tumor y la respuesta inmunológica
- Anorexia/Fatiga secundarias, provocada por factores ajenos al tumor: quimioterapia, radioterapia, dolor, disnea, depresión, ansiedad, náuseas, medicamentos, etc.
Todo lo mencionado, produce un alto catabolismo, un bajo anabolismo, y un estado inflamatorio permanente, lo que trae aparejado la pérdida de peso, la astenia y la anorexia.
¿Cómo y cuándo intervenir?
Para modificar el curso del SCA, es fundamental implementar 4 intervenciones principales:
- Tratamiento oncológico específico
- Control de síntomas
- Soporte fármaco-nutricional
- Ejercicio/Rehabilitación
La implementación de las intervenciones varía de acuerdo al estadio de la enfermedad.
Intervención precoz
Cuando hay posibilidades de lograr la curación o prolongar la supervivencia con el tratamiento oncológico, el tratamiento del SCA tiene como objetivo evitar la pérdida de masa muscular y mantener un adecuado estado nutricional, manteniendo el performance status y la calidad de vida.
Así, los pacientes con un diagnóstico de cáncer reciente y aquellos con tratamiento activo, requerirán un soporte clínico/nutricional más intenso: fármacos (anabólicos, orexígenos, canabinoides, ácidos grasos poliinsaturados, vitaminas, etc.), nutracéuticos (glutamina, beta-hidroximetilbutirato, etc.), e incluso nutrición parenteral total en pacientes seleccionados.
Es el momento ideal para que el oncólogo cuente con el apoyo de un equipo cuidados paliativos, del especialista en nutrición y del terapeuta ocupacional/fisioterapeuta, para lograr los mejores resultados oncológicos posibles.
Estas intervenciones, considerando el enfoque multidisciplinario de la oncología, que impera en nuestros días, se deben efectuar, en conjunto con el oncólogo, idealmente en la primer consulta.
Los avances recientes en la fisiopatología del SCA ubican el inicio del mismo en etapas tempranas de la evolución del tumor.
Esta etapa ha sido denominada “pre-Caquexia”, que es el estado inflamatorio-catabólico identificado por análisis de laboratorio, previo a la aparición evidente del SCA.
Se estima que la intervención sobre la pre-Caquexia, junto con la terapéutica oncológica, podría permitir una mejor tolerancia al tratamiento, mejor resultado oncológico y una mejor calidad de vida durante el tratamiento y luego del mismo.
Caquexia avanzada
Diferente es la situación del paciente sin expectativas de curación, dado que no existen actualmente tratamientos eficaces para revertir el SCA si no es posible controlar el cáncer.
Cuando la caquexia-anorexia con deterioro progresivo está asociada al avance del cáncer por falta de respuesta a los tratamientos oncológicos, los objetivos cambian dado que implica un pronóstico ominoso.
En esta etapa la prioridad es mejorar la calidad de vida, simplificando el tratamiento, concentrando esfuerzos en el control de los síntomas, pautas de conservación de energía, contención psico-emocional, pautas dietarias y orexígenos orientados a mejorar la tolerancia a los alimentos e hidratación por boca.
Es prioritario explicar de forma sencilla a la familia que la pérdida de peso no es consecuencia de la anorexia ni de una mala alimentación, sino de un mecanismo asociado al cáncer que provoca el “adelgazamiento y el cansancio”.
Esta simple intervención quita a la familia la sensación de estar “alimentando mal” a un ser querido, lo que puede generar un sentimiento de culpa en una etapa tan significativa de la vida.
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